¡¡¡¡ Un mes!!!!

Tres de julio, comienza la super cuenta atrás, dentro de exactamente un mes salimos de cuentas . Queda un mes para conocer al pequeño Lucas. Más o menos: puede que se adelante, puede que perecee en salir. ¡ Vamos a ver!

El tiemo ha pasado volando. Al menos los seis primeros meses. Apenas tuve nauseas ni otras molestias, más allá de las consecuencias de atiborrarme de hierro para corregir mi anemia crónica: un estómago de lo más impertinente e inoportuno. Como había poco trabajo, pudimos relajarnos, me volví la reina de las siestas, fuimos juntos a todas las citas médicas ( Dios, que pesaditos son con los análisis) y disfrutamos bastante de nuestro sueño: nuestro primer hijo. "Fluto de amol", en palabras de Kuri.

De lo mejorcito del primer semestre: el curso de natación para embarazadas en la piscina de San Fernando. ¡ Una gozada! Se lo recomiendo a absolutamente todas las embarazadas. Incluso si tienen problemas de espalda, como la ciática. Yo la he tenido desde finales de abril y salía como nueva de la piscina. Mi monitora, Ana, sabía muy bien lo que hacía y adaptaba los ejercicios a cada necesidad. Con ciática impertinente, flotar con un churrito entre las rodillas, sin peso, aleteando con las manos.

También estupendo, el padre de la criatura. A contracorriente, soportando el pertinaz machismo del entorno - ¡ cuánto nos queda para llegar a la igualdad, pero cuánto, cuánto!- y que casi todo el mundo, folletos, vídeos, webs, revistas... le consideren invisible, inexistente, un cero a la izquierda. O, la mejor versión: "tienes que cuidarla, tienes que ayudarla". Vamos que yo de él montaba un frente para reivindicar el respeto a los padres desde el primer día. No se puede pedir conciliación y a la vez ignorarles. Al menos, los organismos públicos deberían corregir su actitud.
Iba a tener pocos socios - a juzgar por los pocos hombres que hay en todos los puntos de encuentro de embarazadas- pero alguno habría. Thomas podría ser el vicepresidente.
Otra de las cosas estupendas de los primeros meses: Encarna. Tuve como gine a una amiga genial, dulce, alegre, paciente, clarita e implicada. "Lucas, vamos a ver a la tía Encarna", le susurraba a mi peque. No me quedo ninguna duda por resolver y se ocupó de que desde el primer momento cuidase mi peso,lo que ahora le agradezco infinito. He ganado sólo ocho kilos y no me imagino como serían estos meses si hubiese ganado 25, que por lo visto es una media nada poco habitual.
De los otros gines, prefiero no acordarme. Impersonales, fríos, tratándote como una expendedora y algunos retorcidos como para plantearte en la primera visita, sin decirte antes cómo va todo, sin decirte ni hola: "si quieres abortar tienes prisa, con 40 años los problemas pueden ser muy graves". ¡ Menos mal que las matronas son otra cosa!
Atrás quedaron las dudas sobre la amniocéntesis - que al final decidimos no hacer- y las pesadillas cromósomicas ( o no, éstas siguen aún ahí, muy en el fondo), las pesadísimas curvas de glucemia, las listas de nombres, la búsqueda de ropa de embarazada de mi talla, el aprendizaje sobre el planeta consumo de los bebés ( extenso como el firmamento) y su vocabulario: ranita, body, polaina...
Llegó el tercer trimestre y las cosas se pusieron un poco más difíciles: ciática, piernas dormidas en cuanto paso quince minutos de pie, pies hinchados, gases que parecen una orquesta de jazz al completo, el final del bendito curso de natación, una gine que ni te dice hola cuando entras en la consulta. Y lo peor de lo peor, lo que peor llevo : ¡¡¡¡ el calor de Madrid!!! 40 insoportables grados y noches sin aire. ¡ Me pasaría el día en el agua! De no ser, porque la piscina parece una paellera de llena que está y porque las gambas ( niños y adolescentes) hacen competiciones de tirarse a bomba, sin tener demasiado en cuenta si hay otros bañistas debajo.

Ah, y además, estamos de obra. Se nos ocurrió - sí estamos locos- que era un buen momento para arreglar el despacho, preparándolo para nuestra nueva vida laboral - sea cual sea ésta, que aún está por averiguar- y la habitación, para poner suelo, una ventana que evita que pongamos la calefacción a tope para no dormir en un iglú, un armario en el que quepa la ropa sin convertirla en rollitos de primavera de tanto doblez.

Ya está asumido, el peque pasará sus primeros meses entre cajas. Es nuestro niño, dice Wail, y a eso hay que habituarse desde el principio. Whatever it means!

Bueno... pues que queda un mes...un mesecito. La maleta del hospital está ya detrás de la puerta, casi lista. ( Ojo, que lo del bebe está todo, falta sólo alguna cosa para mí). La ropa del peque - super herencia del sobrinejo Carlos- preparada en su armario ( el único armario de la casa hoy por hoy). Ya tenemos en casa la cuna y su ropa, el cuco y sus complementos, el cambiador, la bañera.... ¡ Cuánto ocupa un bebé del primer mundo, señor, señor! ¡ Gracias, gracias, gracias a los tíos Paco y Elena y a Librada por pasarnos el setenta por ciento del equipo!
Ya estamos en el ecuador del curso de preparación al parto. Respiración profunda, jadeo, aguantamos el jadeo... buenos consejos, muestras y publicidad de cuanta casa comercial va a la caza de un cliente especial, el cliente por estrenar, un bebé y vídeos de los años sesenta, pelín desfasadillos y aburríiiiiiiiiidisimos.
Ya hemos hecho más de una colada, planchado decenas de minipantalones, minicamisetas...
Y ahora: parto en la bebefactoría
Y... a ver si decidimos donde parir. Teníamos claro que en el hospital, al lado de casa, en la sanidad pública, que pa eso nos cuesta un riñón y es una de las mejores del mundo. ¿? Pero hete aquí que en el curso de preparación al parto nos pusieron un vídeo de cómo será la cosa en este precioso centro público de la Comunidad de Madrid... Para tranquilizarnos, para que vayamos relajadas/os.
¡ Había que ver la cara de todo el grupo! La mía era todo un poema cuando ví el hermoso pasillo donde , con cortinitas entre cama y cama eso sí, tendría que esperar a Lucas. ¿ Qué tienen los arquitectos de hospitales contras las ventanas? ¿Ver el cielo es malo para los pacientes? Y la de todas cuando empezaron a enumerar todas las cosas que pasarán por el canal de salida del bebé antes de que éste asome la cabeza. Vamos, que va a parecer el túnel de la M-30 en hora punta.
La matrona, muy enfadada, nos dijo que queríamos ¿ una piscina?, pues a pagarla. Y que eso nos pasaba por leer cosas en internet de fuentes dudodas, que nos intoxican. Y llevará razón la buena mujer, después de 20 años de periodista me cuesta identificar una buena fuente... una como la Organización mundial de la Salud, que desaconseja el afeitado del pubis, los enemas y las epistomías por sistema o que dice que la monitorización interna si no hay complicaciones sólo es útil para que las matronas puedan atender a varias parturientas a la vez.
Se pasan ocho meses insistiéndote en que el parto es una cosa natural, para luego, tratarte como un enfermo, o como un expendedor de Matrix... y terminar tu parto en una cama con las piernas en alto sobre unos estribos de acero. Claro, todo el mundo sabe que la gravedad y el peso del bebé son dos incovenientes graves que hay que contrarrestar de algún modo.
Lo más cachondo es que , todavía, te insisten en que no pidas la epidural, para así poder tener ¡¡¡ un parto natural !!. ¡ De coña!

supercalifragilistico dijo
siiiiiiii!! que bien!! empieza la cuenta atrás para tener un primo-sobrino neuvoooo!!
3 Julio 2009 | 04:12 PM