La Coctelera

Alagón Park

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27 Noviembre 2008

¡Cuidado con el ocaso en el techo de España!


La puesta de Sol en el Teide, a 2.356 metros de altura, sobre un mar de nubes empujadas por los alisios, enmarcada por la desnudez de las masas de lava, de un color aún más irreal si cabe por el tono rojo del crepúsculo es... ¡completamente alucinante!. Y hay quien lo ha convertido en su trabajo.
No han instalado maquinitas de esas de inserte su moneda y contemplen la vista durante cinco minutos, ni hacen fotos a los turistas posando ante el prodigio, ni ofrecen café calentito a los ateridos turistas que, creyendo que Canarias es todo playa, suben al techo de España en pantalón corto y calzando chanclas.

Su negocio no requiere inversión previa. Esperan a que onubilado por lo increíble del espectáculo, algún incauto salga anonadado de su coche, preguntándose si es posible tanta belleza, para bajarle al mundo real de un crahs. El de la piedra, volcánica eso sí, contra la ventanilla del coche, tú coche, que te "limpian" en un abrir y cerrar de ojos.
Nos pasó este octubre, en la última puesta de Sol de nuestra luna de miel, en la que recorrimos Lanzarote, El Hierro y Tenerife con la intención de traernos reportajes de viajes de las tres islas para el próximo proyecto de nuestra empresa.

Habíamos subido al Teide por la mañana, rodeados de nubes y con dos grados sobre cero, esperando que arriba hubiese algún claro que nos permitiese gozar de los paisajes que nos habían anticipado las fotos de las postales que habíamos visto en el masificado Puerto de Santa Cruz.
Tuvimos suerte y una vez alcanzado el Mirador de las minas, las nubes se abrían y podías quedarte con la boca abierta ante un paisaje que más parece de Marte que de la Tierra.
Deámbulamos por los miradores, subimos a la cumbre en el teleférico, tomamos café en el Parador, hicimos la ruta de Cañada Blanca. Y cuando atardecía, un tanto preocupados por el rapidísimo descenso de la temperatura, por que aquello se estaba quedando desierto y por la posibilidad de que hubiera hielo en la carretera, decidimos volver a nuestro hotel en el Puerto.

Pero... allí estaba la puesta de Sol más hermosa que habíamos visto en nuestra vida. Sobre las nubes. Completamente onírica.
Y... anonadados, como hipnotizados, cámara en mano, buscamos un mirador donde bajar a
meternos en el espectáculo. Ahí estaba el mirador de las Minas. Desierto. Donde por la mañana había decenas de turistas en chanclas haciéndose fotos, sólo había estacionado un vehículo con una parejita en su interior. "Disfrutando de lo romántico de este increíble ocaso", recuerdo que pensé.
La pelota roja que iba a bañarse en las nubes tiraba de nosotros como un imán.Los ojos estaban demasiado llenos. Pero el oído no, y escuchamos nítidamente como los del coche pitaban cuando nos alejamos unos metros del nuestro.
A los poco minutos, ya digo, estábamos a la caza del último rayo de Sol de ese día, nos dimos la vuelta. Había otro coche y alguien parado junto al nuestro. De vuelta a la realidad, lo que pensó mi chico fue: "qué tío más raro, va a mear junto a nuestro coche".
Luego vino el crash. El tipo metió la mano por el agujero de la puerta, y entre las bolsas desparramadas con los restos de los bocatas y la ropa de verano abandonada en los asientos de atrás, seleccionó, en cuestión de segundos, lo único que le pareció de valor: una mochila cerrada.

Mi chico comenzó a correr hacía el coche, a la vez que marcaba el 112 en el teléfono ( cruel pérdida de tiempo, mejor hubiera hecho en hacer una foto a la pandilla), mientras el tipo, con gran agilidad subía al asiento trasero del vehículo con el que había llegado . Con un derrape peliculero se marcharon casi al tiempo que mi chico llegaba a nuestro coche alquilado y sin ventana trasera.

Los del 112 seguían pidiendo datos insustanciales, mientras el robado les decía en qué dirección se habían ido, que la carretera sólo tenía una salida, hasta muchos kilómetros allá y que por favor, avisasen a la guardia civil, por si había alguna patrulla en la zona.

La parejita ni se inmuto. Su actitud fue cuando menos poco solidaria. Ni nos avisaron de que nos estaban robando, ni cogieron la matrícula del coche... bueno, eso podía entenderlo. Pero es que.. una vez que la pandilla ( eran tres) se había marchado y por tanto, nada había que temer, siguieron sin inmutarse, sentados en su coche, sin ni siquiera preguntar qué nos había pasado o si podían ayudar en algo.
Algo sacó a la chica de su completo mutismo. Cuando mi compañero dijó a los del 112 que el coche era un Fiat, ella apuntó: "no, no, era un Clio".
No nos pareció sensato seguir a un coche con tres ladrones que se veía a las claras eran profesionales, por un parque natural de alta montaña desierto que no conocíamos y en el que había ya poca luz y hacía un intenso frío, con una ventana rota, un coche alquilado, poca gasolina en el depósito y la única asistencia de un interlocutor del 112, que parecía irnos a preguntar, entre otras cosas de gran utilidad, nuestra talla de zapatos. Así que subimos al coche y nos bajamos a La Orotava, donde, después de que el interlocutor del 112 dedujera que eramos periodistas, nos indicó amablemente que podíamos poner la denuncia.
Por el camino empezamos a pensar...¿ qué nos han robado?, ¿llevamos las tarjetas?¿ los carnets?, ¿ el dinero?.... Llevábamos encima la documentación. Y las tarjetas. Y los teléfonos móviles. A la cámara la salvó que bajamos a capturar la puesta de Sol. Y no llevábamos mucho dinero porque veníamos de vuelta y el teleférico y sus 25 euros por cabeza había reducido la ración de euros del día.
Eso sí, recordé...¡mi cuaderno de notas!. Un libro que había hecho a mano para tomar notas del viaje para los reportajes que tenía en mente, donde esa misma tarde había recogido las conversaciones con los guardas del Parque, aquella frase de "en los días claros, desde aquí, se divisa todo el archipiélago. Sí, las nubes son bonitas, pero, subir hasta aquí para ver sólo las nubes..." - sólo, pensé yo, ¡ si es alucinante!- o su apunte al plus que suponía pernoctar en el Parador un viernes, cuando un guía hacía una ruta nocturna para ver las estrellas. ¡ Mi cuaderno!¡Quince días de trabajo!

Y, luego, pensé en la mochila. Una vieja Timberland negra que era mi fiel compañera en todos los viajes, que me acompañaba todos los días a clase y que me regaló mi mejor amigo, al que a su vez, se la había regalado alguien muy muy especial para él en otra especie de luna de miel.

¡Qué rabia! Nada de valor para los ladrones. Dos objetos de mucho valor para mí.
Además de las pelas resto del día, la funda de la cámara, una camiseta, una camisa, un pequeño termo de viaje....

Teníamos otros planes para la última noche de nuestra luna de miel de autónomos ( esos seres que aprovechan cualquier ocasión para hacer algún apañito profesional). No eran el de pasar la velada en un cuartelillo de la guardia civil, atendidos por un amable agente que tomó nota del enésimo robo en los miradores del Teide, con un gran tacto y paciencia y dejando ver bien a las claras que aquello era más que habitual.
De hecho, hay carteles en cada mirador,: "no deje objetos de valor en el coche". Durante el día, los atendimos. Pero la puesta de Sol no dejaba espacio en la mente para otra cosa que no fuese contemplarla y total, sólo nos separamos del coche unos metros y unos minutos.
Cuando llegamos al cuartel ¡sorpresa!, no tenían noticia alguna del robo. Nos sorprendió porque en el 112 nos aseguraron que habían avisado.
En fin... el agente fue todo lo correcto que se puede ser, nos dijo que a veces tiran las cosas sin valor y cuando las encuentra el servicio de limpieza del parque las lleva al cuartelillo, que si ocurría así, no nos preocupásemos, que nos avisaría, que nos harían llegar la mochila y el cuaderno de notas...
Pero no hubo suerte.
La verdad, me sentí estúpida...¡ mira que había carteles!. Pero también impotente. En el avión de vuelta, con las cosas que habitualmente llevaba en la mochila, embutidas en una bolsa de plástico, pensaba: si es habitual, si saben que los ladrones utilizan el atractivo de la puesta de Sol para desplumar a anonadados románticos, si es algo fácil de colocar en un horario, si sólo hay una carretera, si la imagen de seguridad de un sitio es tan importante cuando el turismo es una fuente de ingresos básica....¿ por qué no lo cortan de raíz?. ¿ Tan difícil es?.
Ya sabéis si vais al Teide, dos consejos: llevad ropa de abrigo y calzado de montaña, no toda Canarias es playa; y ¡¡¡cuidado con las puestas de Sol!!!!. Perderos en el crepúsculo pertrechados con todo vuestro equipaje.

PD. No hemos tenido noticia de la mochila y el cuaderno de notas. Ni de si el coche que pitó cuando bajamos del nuestro cámara en mano, y del que sí tomamos la matrícula, tenía algo que ver con el robo o no.

Tags: robo

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